
CRISIS POLÍTICA EN ARGENTINA TRAS ESCÁNDALO CRIPTO
El ascenso político de Javier Milei y su relación con la economía
Desde su llegada al poder a fines de 2023, el presidente argentino Javier Milei construyó su popularidad sobre un discurso disruptivo. Con un estilo confrontativo y un programa económico liberal radical, logró concentrar más del 50% de aprobación en sus primeros meses de mandato, una cifra inusual en la política argentina reciente. Ese respaldo popular le permitió avanzar en reformas estructurales a pesar de contar con representación reducida en el Congreso.
El contexto de inflación crónica, deterioro de reservas internacionales y descreimiento hacia las instituciones financieras tradicionales sirvió de caldo de cultivo para que las criptomonedas y las alternativas digitales fueran vistas por parte de la sociedad como vehículos legítimos para resguardar valor o, incluso, obtener ganancias rápidas. Milei ya había demostrado simpatía por este sector años antes, cuando en 2021, siendo diputado, había promocionado plataformas de inversión digital como CoinX, que luego fue denunciada como esquema piramidal.
La promoción de Libra y la explosión especulativa
La noche de un viernes de 2025, Milei publicó en su cuenta de X un mensaje promocionando la criptomoneda llamada Libra, desarrollada con apoyo de Kip Protocol y lanzada por Kelia Ventures. El anuncio, inesperado y sin mayores detalles técnicos, fue interpretado como un aval presidencial directo a un activo digital que hasta ese momento no contaba con credibilidad en los mercados.
El efecto fue inmediato: en cuestión de horas, más de 44,000 inversores —en su mayoría seguidores del mandatario— destinaron millones de dólares al token. El precio se disparó, llevando su capitalización de menos de 200 millones a 4,5 mil millones de dólares en un corto lapso. Sin embargo, pronto se reveló que cerca del 80% de las monedas estaban concentradas en manos de unos pocos insiders.
Cuando estos decidieron vender en masa, se produjo un colapso del 94% en el valor del activo. Los pequeños inversores quedaron atrapados con pérdidas irreparables, mientras que los promotores iniciales retiraban ganancias estimadas en 107 millones de dólares.
El episodio fue rápidamente calificado por analistas y medios especializados como un rug pull, una estafa típica en el ecosistema cripto, caracterizada por inflar el valor de un activo con respaldo mediático y luego abandonar el proyecto tras liquidar posiciones.
Reacciones políticas, legales y sociales
Tras el derrumbe, Milei eliminó su publicación y sostuvo que no tenía relación directa con el proyecto ni conocimiento profundo sobre sus fundamentos. Sin embargo, documentos y testimonios revelaron reuniones previas entre el presidente y representantes de Kip Protocol, además de vínculos con Hayden Davis, fundador de Kelia Ventures, quien se habría beneficiado del colapso.
La justificación presidencial fue recibida con escepticismo. El hecho de que un economista de trayectoria y jefe de Estado avalara públicamente un proyecto sin transparencia generó un terremoto político. Las críticas llegaron tanto desde la oposición como desde aliados circunstanciales, quienes acusaron imprudencia y falta de responsabilidad institucional.
Pocos días después, se presentó una demanda contra Milei por violación de la Ley de Ética Pública, en particular el artículo 265, que prohíbe a los funcionarios utilizar su posición para beneficio financiero. Si bien no se probó que el presidente obtuviera ganancias directas, la acusación sostiene que su influencia desencadenó un daño masivo a los ciudadanos. El economista Claudio Lozano, ex titular del Banco Central, fue uno de los primeros en impulsar acciones legales.
El Congreso debatió incluso la posibilidad de iniciar un proceso de impeachment, aunque la falta de mayoría calificada complicó esa ruta. En paralelo, sectores opositores propusieron derogar el Decreto 70, que otorgaba amplias facultades al Ejecutivo, como forma de recortar el poder presidencial.
Impacto en la economía y en la confianza internacional
El escándalo estalló en un momento crítico. La estrategia económica del gobierno dependía de mantener confianza tanto en los mercados internos como externos. El apoyo a un token fallido golpeó la credibilidad de Argentina en los círculos financieros internacionales. Inversores que apostaban a la estabilidad que traería el liderazgo de Milei comenzaron a reconsiderar su exposición en el país.
Las calificadoras de riesgo advirtieron que la crisis podía entorpecer las reformas estructurales, mientras que organismos multilaterales exigieron mayor transparencia regulatoria en el manejo de activos digitales. Para una nación que buscaba atraer capital extranjero y fomentar la innovación tecnológica, el episodio significó un retroceso.
A nivel interno, el derrumbe afectó sobre todo a pequeños ahorristas, reforzando la percepción de desigualdad entre élites con acceso a información privilegiada y ciudadanos comunes arrastrados por el fervor político. El episodio se transformó en una advertencia sobre los riesgos de mezclar populismo digital con finanzas no reguladas.
Una lección sobre política y tecnología
El caso Libra se inscribe en una tendencia global: la creciente interacción entre líderes políticos y proyectos tecnológicos disruptivos. Sin embargo, la falta de marcos regulatorios sólidos abre la puerta a escándalos que erosionan la confianza tanto en las instituciones democráticas como en la innovación digital.
En la historia argentina, marcada por crisis financieras recurrentes, este episodio quedará como un recordatorio de que la volatilidad no solo afecta a las monedas tradicionales, sino también a los activos emergentes. Para Milei, el costo político puede reflejarse en la pérdida de apoyo en las elecciones de medio término, limitando su capacidad de gobernar y avanzar en su agenda de reformas.
Conclusiones
El escándalo de Libra expone la fragilidad de la relación entre política, confianza ciudadana y tecnología financiera. Javier Milei, un presidente que había capitalizado la narrativa de la libertad económica, quedó atrapado en una contradicción: la promoción imprudente de un proyecto que terminó en desastre.
Más allá de las implicaciones legales, el episodio revela el peligro de otorgar legitimidad desde el poder a iniciativas sin controles adecuados. Para Argentina, significa un nuevo capítulo en la compleja relación entre promesas de modernización y realidades de crisis. Para el mundo, es un recordatorio de que las criptomonedas, aunque innovadoras, requieren vigilancia rigurosa y responsabilidad institucional para no convertirse en herramientas de estafa masiva.